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La búsqueda de inteligencia extraterrestre (search of extraterrestrial intelligence, SETI, en definitiva) en la forma científica en que hoy la conocemos comienza en 1960 cuando Frank Drake dirige por primera vez una antena hacia dos estrellas relativamente cercanas y lee la frecuencia de 1420 KHz. A la hora de hacer búsquedas de señales extraterrestres existe cierta “predilección” hacia esta frecuencia porque es la frecuencia de reverberación del hidrógeno, el más simple y abundante de los elementos del Universo, y se deduce que una civilización que se quisiera asegurar un contacto con otras civilizaciones utilizaría esta frecuencia o, si utilizase un rango mucho más amplio de frecuencias, sería en ésta en la que más fácilmente se propagarían las señales. A partir de entonces soviéticos y estadounidenses inician sus programas de búsqueda de inteligencia extraterrestre mediante barridos más o menos sistemáticos del cielo. Del programa soviético muy poco se ha sabido pero la NASA empleó bastantes recursos mediante dos estrategias simultáneas: de un lado investigarían las 1.000 estrellas cercanas más próximas con alguna posiblidad de tener un sistema planetario y de otro harían un barrido menos intenso de todo el cielo. Desde el año 1988 se iniciaron los estudios preliminares y se abordó la definición de las tecnologías necesarias y la fabricación de los equipos. En 1992 se iniciaron los trabajos sistemáticamente. Fue entonces cuando, en medio de un debate sobre los fondos destinados al programa SETI, un congresista estadounidense dijo su frase “¿Buscar vida inteligente en el espacio exterior? Ya es bastante difícil encontrarla en Washington como para desperdiciar dinero en esa tarea”. Se comprende que en este ambiente tan científico se cancelaran los fondos del proyecto apenas un año después de su inicio. El testigo lo recogió el Instituto SETI, que desarrolla su proyecto Phoenix para seguir con las investigaciones con fondos privados. Esta investigación consistía en escuchar todas las frecuencias entre 1000 y 3000 MHz (dos millones de cada frecuencias) para cada una de las mil estrellas más próximas con posibilidades de albergar planetas y, por tanto, vida. Las escuchas se hacían desde grandes radiotelescopios terrestres pero no obtuvieron resultados positivos. A través de las distintas fases del proyecto se puede observar cómo va aumentando el rango de frecuencias y de estrellas objeto de las investigaciones. Esto, como toda la ciencia pura, tiene una causa y una consecuencia: la causa es el el progreso tecnológico, en particular en el campo de los ordenadores; la consecuencia es el desarrollo tecnológico inducido por los nuevos equipos y técnicas desarrollados para estas tareas. Una vez agotados los recursos públicos, el desarrollo de Internet ha permitido dar un paso más en la SETI consistente en descentralizar las tareas de descodificación e interpretación de las señales en millones de ordenadores repartidos por todo el mundo. La cosa, más o menos, funciona asÍ: el interesado se conecta a una página y se baja un programa y lo instala en su disco duro; éste programa detecta cuándo se está conectado a Internet pero no se está usando el ordenador y, a modo de salvapantallas, aprovecha esos tiempos muertos para conectarse al servidor del programa SETI, descargar unos cuantos paquetes de información en bruto, descodificarla, interpretarla, empaquetarla de nuevo y enviarla hacia el servidor. Este sistema puede ser util si se tiene una auténtica tarifa plana y se puede quedar el ordenador conectado sin estar tecleando o si se trabaja en una empresa o institución con conexión permanente a Internet. Pero, en realidad, ¿qué posibilidades hay de que podamos encontrar a civilizaciones con las que podamos contactar? Veamos: - nuestra galaxia tiene 100.000 millones de estrellas - supongamos que 1 de cada 10 tienen un sitema solar formado - supongamos que en 1/100 de los anteriores hay un planeta con condiciones adecuadas para la vida - supongamos que en 1/1000 de éstos se ha desarrollado vida inteligente Esto nos da aproximadamente 1000 planetas con vida inteligente pero... - hay que dividir este número de planetas entre 10.000.000 para asignar a cada civilización la posibilidad de haber vivido en cada uno de los 10.000.000 últimos milenios (10.000 millones de años) - el resultado hay que dividirlo, a su vez, entre 1/10 para limitarnos a los planetas que están a menos de 1.000 años luz (si fueron capaces de enviar una señal electromagnética hace más de 1.000 años, cualquiera se imagina lo que pueden ser hoy día). En total, esto viene a indicar que en nuestra galaxia hay aproximadamente 0,0001 planetas habitados en nuestra época con los que podamos contactar. Por ahora la cuestión es seguir escuchando pacientemente hasta escuchar una señal ¿y entonces? |
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